miércoles, 2 de marzo de 2011

SOBRE EL AÑO JUBILAR II

Signos del Año Jubilar:  
La Peregrinación:
Recuerda la condición del hombre caminando por la vida hacia la casa del Padre. Evoca el camino personal del creyente siguiendo las huellas del Redentor. Mediante las obras de misericordia, el ayuno y la oración, el peregrino avanza por el camino de la perfección cristiana, esforzándose por llegar, con la ayuda de la gracia de Dios, "al estado del hombre perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo" (Ef 4,13).
La "puerta santa":
Evoca el paso que cada cristiano está llamado a dar del pecado a la gracia. Jesús dijo: "Yo soy la puerta" (Jn 10,7). Hay un solo acceso que abre de par en par la entrada en la vida de comunión con Dios, este acceso es Jesús, única y absoluta vía de salvación. El signo de la puerta recuerda la responsabilidad de cada creyente de cruzar su umbral, que significa confesar que Cristo Jesús es el Señor, fortaleciendo la fe en Él para vivir la vida nueva que nos ha dado. Es una decisión que presupone la libertad de elegir y, al mismo tiempo, el valor de dejar algo, sabiendo que se alcanza la vida divina (Cf. Mt 13, 44-46).
Es la remisión del mal que causan nuestros pecados. Si la culpa de nuestros pecados se nos perdona mediante el sacramento de la confesión, el mal que produce nuestro pecado se mitiga con el don de la indulgencia. Para beneficiarse de ella es prioritario durante este tiempo vivir el deseo de acercarse al Señor, sentir su necesidad en nuestra vida y convertirnos a Él, cambiando todo lo que no es de Dios.
La Caridad:
Signo de la misericordia de Dios, ejercicio necesario para todos los cristianos, que nos abre los ojos a las necesidades de quienes viven en la pobreza y la marginación. La extrema pobreza es fuente de violencias, rencores y escándalos. Poner remedio a la misma es una obra de justicia y, por tanto, de paz.
Condiciones para ganar el Jubileo:
  1) Visitar la Santísima Imagen de la Virgen del Rosario, Copatrona de Granada, que se venera en la iglesia de Santo Domingo, orando durante un espacio de tiempo prudencial y rezando alguna oración (al menos, el Credo, el Padrenuestro y pedir por las intenciones del Papa). Se recomienda asistir a la Santa Misa.
     2) Recibir los Sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía. Estos dos sacramentos realizan la conversión y el compromiso de amor con Cristo y nuestros hermanos. Pueden ser recibidos 15 días antes o después de la peregrinación.
     3) Realizar alguna obra de caridad, como visitar a hermanos necesitados, enfermos, discapacitados, etc.; Apoyar con un donativo significativo obras de caridad, a través de caritas u otra institución; Dedicar parte del tiempo libre a actividades útiles a la comunidad eclesial; la concesión del perdón a alguna persona que nos haya causado alguna ofensa, daño o dolor, especialmente en el seno de la propia familia; la dedicación de al menos una hora, a la predicación, la catequesis o algún otro modo de trasmitir la fe a otras personas.
Nota Importante:
La indulgencia plenaria puede ser lucrada para los fieles difuntos. Los ancianos, enfermos, y todos aquellos que por alguna causa no pueden salir de su casa, podrán ganar el Jubileo uniéndose espiritualmente a las celebraciones, con la intención de cumplir lo antes posible las tres acostumbradas condiciones, delante de cualquier imagen de la Santísima Virgen, recitando devotamente el Padre Nuestro, el Credo y el Ave María y ofreciendo humildemente sus dolores o incomodidades a la misericordia de Dios por intercesión de María.

martes, 22 de febrero de 2011

Sobre el Año Jubilar I

¿Qué es un Jubileo?  

Desde el Antiguo Testamento se celebran los jubileos (Cf. Ex 23, 10-11; Lev 25, 1-28; Dt 15, 1-6). Era un tiempo dedicado de un modo particular a Dios. Cada cincuenta era el "año jubilar". Como signo de fiesta se dejaba reposar la tierra, se liberaban los esclavos, se perdonaban las deudas. El objetivo de celebrar un año jubilar, era para devolver la igualdad entre todos los hijos de Israel. El año jubilar debía servir para el restablecimiento de la justicia social.
A partir del Nuevo Testamento, el Jubileo adquiere su verdadero y pleno significado: El tiempo, dimensión en la que se crea el mundo y se desarrolla la historia humana, culmina en la "plenitud de los tiempos" de la Encarnación y tiene su término en el retorno glorioso del Hijo de Dios al final de los tiempos (Parusía). En Jesucristo, Verbo encarnado, el tiempo llega a ser una dimensión de Dios, que en sí mismo es eterno.
Todos los jubileos se refieren a este "tiempo" del cumplimiento de las profecías y aluden a la misión mesiánica de Cristo, venido como "consagrado con la unción" del Espíritu Santo, como "enviado por el Padre". El Jubileo, "año de gracia del Señor", es una característica de la actividad de Jesús y no sólo la definición cronológica de un  aniversario.

Objetivo del Jubileo:  
Para la Iglesia, el Jubileo es verdaderamente aquel "año de gracia", año de perdón de los pecados y de las penas por los pecados, año de reconciliación entre los adversarios, año de múltiples conversiones y de penitencia sacramental y extrasacramental.
El Año Jubilar, "año de gracia del Señor", debiera tener los mismos signos de que Jesús habla al iniciar su misión mesiánica: "el anuncio de la Buena Nueva a todos los hombres", de lo que ahora somos responsables todos los cristianos.
Precisamente el Santo Rosario se nos muestra en este Año Jubilar como medio más que eficaz para evangelizar, alentando la fe, la esperanza y la caridad entre el pueblo de Dios que tan cercano se siente al maternal consuelo de la Madre de Dios.