martes, 22 de febrero de 2011

Sobre el Año Jubilar I

¿Qué es un Jubileo?  

Desde el Antiguo Testamento se celebran los jubileos (Cf. Ex 23, 10-11; Lev 25, 1-28; Dt 15, 1-6). Era un tiempo dedicado de un modo particular a Dios. Cada cincuenta era el "año jubilar". Como signo de fiesta se dejaba reposar la tierra, se liberaban los esclavos, se perdonaban las deudas. El objetivo de celebrar un año jubilar, era para devolver la igualdad entre todos los hijos de Israel. El año jubilar debía servir para el restablecimiento de la justicia social.
A partir del Nuevo Testamento, el Jubileo adquiere su verdadero y pleno significado: El tiempo, dimensión en la que se crea el mundo y se desarrolla la historia humana, culmina en la "plenitud de los tiempos" de la Encarnación y tiene su término en el retorno glorioso del Hijo de Dios al final de los tiempos (Parusía). En Jesucristo, Verbo encarnado, el tiempo llega a ser una dimensión de Dios, que en sí mismo es eterno.
Todos los jubileos se refieren a este "tiempo" del cumplimiento de las profecías y aluden a la misión mesiánica de Cristo, venido como "consagrado con la unción" del Espíritu Santo, como "enviado por el Padre". El Jubileo, "año de gracia del Señor", es una característica de la actividad de Jesús y no sólo la definición cronológica de un  aniversario.

Objetivo del Jubileo:  
Para la Iglesia, el Jubileo es verdaderamente aquel "año de gracia", año de perdón de los pecados y de las penas por los pecados, año de reconciliación entre los adversarios, año de múltiples conversiones y de penitencia sacramental y extrasacramental.
El Año Jubilar, "año de gracia del Señor", debiera tener los mismos signos de que Jesús habla al iniciar su misión mesiánica: "el anuncio de la Buena Nueva a todos los hombres", de lo que ahora somos responsables todos los cristianos.
Precisamente el Santo Rosario se nos muestra en este Año Jubilar como medio más que eficaz para evangelizar, alentando la fe, la esperanza y la caridad entre el pueblo de Dios que tan cercano se siente al maternal consuelo de la Madre de Dios.

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